La Hiruela, un campa siempre especial
Madrid a 29 de julio de 2025
Para muchos niños y niñas, este ha sido su primer campamento con la asociación: su primera vez durmiendo fuera de casa, preparando su mochila para una ruta, o simplemente descubriendo lo que significa convivir 24/7 con un grupo de amigos y amigas nuevos. Y lo han vivido todo con la ilusión, la risa fácil y la curiosidad que tanto define a esta etapa preadolescente.
Pero no solo la infancia estaba de estreno. El equipo de monitoras , recién formado en gran parte, se enfrentaba a su primer gran reto con tantas ganas y dedicación que no tardaron en contagiar al grupo su entusiasmo. Desde las veladas hasta los ratos tranquilos a la sombra de los cenadores del patio, que nos acompañarían como nuestro oasis de calma frente al sol todo el campamento, se notaba que había algo especial: muchas ganas de crear campamento de verdad.
Hubo tiempo para rutas, talleres, veladas, reflexiones, juegos, lluvias inesperadas y alguna que otra historia contada con linterna al final del día. Y, como siempre, esos pequeños detalles que no salen en las fotos pero que hacen que un campamento se quede grabado en la memoria: una charla inesperada, una canción compartida, un abrazo cuando hacía falta.
La Hiruela tiene algo único y es que niños y niñas pueden moverse con libertad, ganar autonomía y disfrutar de la sensación de “poder estar solos” en un entorno seguro, por el pueblo.
Durante el campamento, nos organizamos como una gran familia. Repartimos tareas, cocinamos juntas, mantenemos la casa limpia y aprendemos a convivir respetándonos y cuidándonos.
¿Y la comida? Variedad, equilibrio y alguna sorpresa. Aprendemos a comer de todo, incluso aquello que al principio no nos entusiasma. La alimentación es una de las partes más importantes del campamento, a la que damos la importancia que se merece, tratándonos de relacionar con esta desde un punto sano, y no desde el rechazo. A veces, durante el campamento, cosas que no nos gustaban, nos acaban gustando!
La participación es algo fundamental, y los chavales y chavalas sienten que el campamento también es suyo, que lo construyen con sus ideas, su esfuerzo y su energía.
¿Y cómo sabemos que todo esto ha funcionado? Lo vemos en las caras. En las sonrisas, en el entusiasmo diario, en la energía que no se acaba… y sí, también en las lágrimas del último día, cuando toca despedirse. Al final del campamento, dedicamos un tiempo para evaluar, compartir conclusiones y recoger aprendizajes, que nos acompañarán durante todo el año… hasta que llegue el siguiente verano.
Daniel Chinarro
Coordinador de medianos 1